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Un primer telescopio, y las tres cifras que lo deciden
Casi todo primer telescopio decepcionante falla por una de tres razones: no recoge bastante luz, no se queda quieto, o no encaja nada más en él. El aumento no está en esa lista, y es el número que más a menudo se imprime en la caja. Estos cinco se leen frente a la abertura, la montura y el acople de ocular, en ese orden.
Por Jean-Benoit Buisson
La abertura es lo que el telescopio recoge
La superficie colectora va con el cuadrado de la abertura, así que 130 mm recoge casi el doble de lo que recoge 90 mm. Es la única especificación que no puede mejorarse después, y fija el techo de todo lo que el instrumento mostrará jamás.
La montura decide si la abertura es utilizable
Un tubo que tiembla cuatro segundos tras cada roce es inutilizable a gran aumento, sea cual sea su óptica. Por eso un dobson de sobremesa sobre una mesa firme supera a menudo a un tubo mayor sobre un trípode endeble: sencillamente hay menos que pueda bambolearse.
El acople decide si puede crecer
Un enfocador de 31,75 mm abre todo el catálogo de accesorios: oculares, filtros, diagonales, adaptadores de móvil. Un acople no normalizado lo cierra. De las tres cifras, ésta es la más barata de comprobar y la que más a menudo se pasa por alto.
Lo que no está en la lista
El aumento máximo. Es un número que cualquier telescopio alcanza y que casi ninguno puede usar: más allá de aproximadamente el doble de la abertura en milímetros, la imagen crece sin ganar detalle. Un anuncio que abre con él está describiendo un cálculo, no un instrumento.
Lo que hay en este sitio
El Omegon AC 70/700 y el Sky-Watcher Mercury-707 son refractores de 70 mm con portaocular de 31,75 mm. El Celestron StarSense Explorer 130 de mesa da 130 mm y guía por el móvil, si hay una mesa firme. El Omegon Advanced 130/650 es el paso a la ecuatorial. Y el Bresser Junior 70/400, para un niño, con oculares de 24,5 mm que cierran la puerta a mejoras.